Slide background

El Pessebre Vivent de Corbera de Llobregat se representó por primera vez el 24 de diciembre de 1962 en el incomparable escenario natural de la Peya del Corb, donde se sigue representando hoy en día.
 
Fue José Rodrigo y Puig, persona con un talante dinámico e inquieto, que lo propuso y promovió e incorporó un hecho diferencial y singular respecto a otros espectáculos similares: el público es quien se mueve, y lo hace por los caminos del Pesebre mezclándose con las figuras vivientes, guiado por una narración por megafonía fiel al texto evangélico y enriquecida por comentarios en prosa y poesía popular y textos del propio José Rodrigo.

Hoy, con los medios de transporte y la variada oferta lúdica de los días festivos, es impresionante que se pueda contar con tantas personas de todas las edades, que ya esperan el primer domingo de diciembre para iniciar las representaciones. Hasta tres generaciones se reúnen juntas y hacen que la continuidad quede garantizada.
 
El nombre de Corbera de Llobregat se ha extendido por todo el mundo gracias, en buena parte, al Pesebre. La época de expansión urbanística de Corbera aprovechó el “poder mediático” del espectáculo para invitar a vivir en el municipio en el que se representaba el Primer Pesebre Viviente de Cataluña. En el pueblo se ha conseguido crear una fiesta y un acontecimiento inseparable de la celebración de la Navidad para muchas personas, para unos como colaboradore, y para otros como visitantes.
 
.

Josep Rodrigo Puig, el fundador

La historia lo recuerda como “el José del Agua “, la leyenda como el forjador de sueños.

Nació en la Palma de Cervelló el 20 de abril de 1922 y recuerda que su vida es un canto a la anarquía y un no rotundo a las normas establecidas.

Escritor, poeta, dibujante y forjador. Un artista en todo lo que tocaba.

Solitario y a la vez sensible, emprendedor y libre.

 

Poeta i forjador só,

i en tot faig, feina tan neta,


que forjo com un poeta

i escric com un forjador

 

 

Este bonito poema, son unos versos adaptados de Mosén Cinto, lo tenía siempre en los labios y lo llevaba en el corazón.

 

Josep era una barretina, unos zuecos y un cayado. Catalán hasta la muerte, creador de ilusiones y de sensibilidad a flor de piel. Amaba el teatro y era un gran actor.

JOSEPfundador

Autodidacta, aprendió por sí solo el oficio de forjador. No trabajaba el hierro, más bien lo amaba. Lo acariciaba con el martillo y lo convertía en las figuras de sus sueños de poeta y forjador.

 

Sus padres eran Clotilde y José, originario de Murcia y que restó encarcelado y condenado a trabajar en la construcción del “Valle de los Caídos”, por sus ideas de izquierdas y de libertad.

 

Nuestro hombre, José Rodrigo, pasó de vivir en la taberna de la Palma y subir a Corbera en bicicleta para vender pescado, a los campos de concentración del sur de Francia. Desde allí y como integrante de la 173a Compañía de Trabajadores Extranjeros, llegó a la frontera belga para reconstruir parte de la conocida Línea Maginot, en un intento desesperado de frenar la ocupación nazi. De aquel tiempo guardaba un casco y una bayoneta que supo reconvertirse, gracias a su ingenio, en un tiesto para flores, que lo bautizó con el bonito nombre de “Flores para la Paz”.

 

Terminada la guerra y haciendo teatro en la Palma, se enamoró de María de Cal Sentís. Se casaron y fueron a vivir en la antigua calle de Los Mártires de nuestro pueblo, a una casa que llevaba por mote Cal Terrible.

 

Fue padre de tres hijos: Rosaura , Griselda y Oleguer.

 

Josep era un hombre capaz de ir en moto a Madrid, en aquel lejano tiempo, para ver jugar a su amado Barça o pedir a un consejero de la Generalitat de Catalunya el préstamo de un helicóptero para resolver algún problema en su estimado pesebre.

 

Vivía para la creación de sus obras, colaborando con las entidades populares y de recreo y sus hijos, en lugar de regalos, les escribía poemas.

 

Solía ​​transmitir inquietudes, arrastrando mucha gente para hacer realidad sus sueños, pero también tenía la sensibilidad de enseñar a cantar el Virolai a su hija, paseando bajo los pinos de enfrente de Can Fisa .
 

Creó el Rosario Viviente, preámbulo de su gran obra: el Pessebre Vivent de Corbera. En el transcurso de tres años ganó premios en la Cabalgata de la Mercè de Barcelona, con la construcción de siete carrozas, entre ellas las que representaban: La Vendimia, Hogar Catalán y el Timbaler del Bruc.

 

Con sus amigos más íntimos fundaron los Amics de Corbera, y con éstos y el empujón definitivo de Josep Canals Nicolau, alcalde conocido por Papitu y mosén Francesc Mestres, hicieron realidad el sueño más preciado.

 

El antiguo camino del cementerio, lleno de zarzas, desperdicios y suciedad se convirtió en el paseo central de nuestro Pesebre Viviente. Dicen que los genios o ganan o se estrellan. La noche del 24 de diciembre de 1962 se llevaba a cabo la primera representación del Pesebre: El primer Pesebre Viviente de Cataluña.

 

Él ya no está, pero el Pesebre Viviente continúa. Este es el pequeño milagro de cada Navidad.

 

El Cardenal Jubany decía: el Pessebre de Corbera es la página más bonita que se ha escrito en el pueblo y añadía que el Pessebre de Corbera es una obra evangelizadora, tanto como lo puede ser la práctica de unos ejercicios espirituales.

 

Josep también era coleccionista de figuritas de pesebre, él mismo hacía el diseño y un reconocido belenista las hacía realidad.

 

Su último deseo en vida fue subir a la cima de la Avançada, la fiesta del 11 de septiembre de 2003, tan sólo un mes antes de dejarnos, aunque recordando que aquel camino lo había abierto él. Cantó por última vez el himno de su patria, con los ojos llenos de lágrimas y la vista por encima de lo que consideraba su pueblo y su obra.

 

El pueblo de Corbera le rindió homenaje en vida, dando su nombre al paseo central del Pesebre Viviente.

 

La Generalitat de Catalunya concedió la Creu de Sant Jordi como reconocimiento de la gigantesca obra empleada.

 

Josep Rodrigo i Puig, aquel forjador de sueños, Josep del Agua, murió en Corbera de Llobregat el 15 de octubre de 2003. Tenía 81 años.

 

La fragua se apagó.

 

Se encendió el sueño que hoy todavía continua.

 

 

Joan Renau Turbau.

home